Los suelos de Mendoza

Los suelos mendocinos son, en su casi totalidad, derivados de materiales originarios provenientes de la erosión de las rocas cordilleranas.

sábado, 15 de septiembre de 2007
Los suelos de Mendoza

Ing. M. Sc. Rosana Vallone

Las características propias de cada tipo de suelo responden, en gran parte, a las características mineralógicas que heredaron de las rocas originarias, pero también es importante la influencia que otros factores de formación como el clima, los organismos (microorganismos, plantas, animales y hombre), el relieve y el tiempo transcurrido tuvieron sobre los materiales iniciales.

Los suelos mendocinos son, en su casi totalidad, derivados de materiales originarios provenientes de la erosión de las rocas cordilleranas que no han sufrido modificaciones en el sitio donde fueron depositados luego de ser transportados por distintos agentes como eólico (viento), coluvial (gravedad), aluvional (agua) y glacio – lacustre (glaciares y antiguas lagunas).

Las características regionales, singularizadas por la extrema escasez de precipitaciones pluviales, dificultan y aun inhiben los procesos edáficos de maduración.

Es muy grande la variabilidad de textura en distancias cortas y es fácil encontrar, a pocos metros de una tierra de perfil totalmente arenoso, otra en la cual se observan capas limo - arcillosas. Estas variaciones constituyen muchas veces la clave en la heterogeneidad en el estado de un cultivo y explican la presencia de manchas peores o mejores dentro de un mismo cuartel.

Son frecuentes los “suelos salinos”, caracterizados en estado virgen por una flora típica llamada “halófita”. Esta salinidad está constituida por sulfatos y cloruros de calcio, magnesio y sodio. Los sulfatos son los que generalmente predominan. Salvo presencia de capas impermeables o de drenaje impedido, éstas son tierras recuperables y utilizables para la agricultura regadía, mediante simples operaciones de lavaje. Donde abundan los cloruros, en cambio, la salinidad se encuentra casi siempre asociada a excesiva alcalinidad y frecuentemente la recuperación del suelo exige tratamientos especiales (enyesado y drenaje artificial).

La temperatura estival alta, las escasas precipitaciones y la abundancia de calcáreo, favorecen la rápida combustión de la materia orgánica e impiden su acumulación, de ahí que todas las prácticas culturales que signifique aumentar su proporción en los suelos se vean recompensados por notables mejoras en el estado y rendimiento del cultivo.


La nutrición

de la planta

Son tres los elementos necesarios para la nutrición que con mayor frecuencia pueden estar en deficiencia, y que son los más comúnmente incorporados como fertilizantes (nitrógeno, fósforo y potasio). Por ser los que en mayor proporción se encuentran en los tejidos vegetales, integran – junto con el calcio y el magnesio- los llamados “macronutrimentos”.

El nitrógeno es el de menor contenido relativo total en estos suelos de zonas áridas, cuando se lo compara con el de los suelos de la pampa húmeda.

En cuanto al fósforo, si bien su contenido total no difiere sensiblemente con el de los suelos de la pampa húmeda, donde a diferencia de los de las zonas áridas una fracción importante está bajo forma orgánica, su disponibilidad es en general menor y depende de la naturaleza mineralógica de los materiales originarios y de otras características químicas edáficas que determinan los tipos de compuestos inorgánicos que integra. La respuesta a la fertilización con este elemento, solo o unido al nitrógeno, es en general muy frecuente, con excepción de ciertos suelos de los departamentos del Este mendocino, y otros similares, donde su proporción disponible es relativamente elevada.

En lo que respecta al potasio, la naturaleza mineral de la fracción arena, rica en feldespatos y minerales micáceos, provee a estos suelos de abundante proporción de este nutrimento, por lo que las eventuales respuestas a la fertilización potásica sólo se dan en combinación con nitrógeno y fósforo y en condiciones de cultivos exigentes con alto nivel potencial de rendimiento.

Mientras que no se han comprobado problemas de falta de calcio, sí se han detectado síntomas de deficiencia de Magnesio en frutales de áreas del Valle de Uco.

En cuanto a los micronutrimentos, esenciales pero presentes en muy pequeñas proporciones en los tejidos vegetales, las características físico - químicas de estos suelos, de reacción alcalina, hacen probables ciertas deficiencias entre las que se han observado casos atribuidos a falta de hierro, manganeso y zinc. Por otra parte, se han podido comprobar en zonas de suelos muy alcalinizados manifestaciones de intoxicación de boro en vid y frutales.


Riego y la fertilidad

de los suelos

El riego y su manejo constituye un factor fundamental para determinar la cantidad de elementos disponibles al momento de iniciar un ciclo de cultivo. Si el suelo está muy seco, disminuye drásticamente el movimiento del agua, que lleva disueltos los nutrimentos minerales hacia la raíz. Pero si se aplica un riego primaveral excesivo se corre el peligro de “lavar” o arrastrar en profundidad, y poner así fuera del alcance de las raíces, esos elementos vitales.

Los sedimentos de las aguas de regadío contribuyen a mantener la fertilidad natural y son las plantas de las cabeceras de las hileras, donde tales materiales se depositan, las más beneficiadas por aquel abono natural.

Además de las condiciones ambientales, también el hombre puede constituirse en un factor importante en la formación de un suelo. En Mendoza, hay muchos ejemplos de su decisiva acción a veces en un sentido favorable y en otras la intervención fue detrimental. Rescatamos dos ejemplos:

En los aledaños de la ciudad de Mendoza, una gran superficie dentro de los Distritos de Fray Luis Beltrán. El Paraíso, Barcala, Santa Blanca, Bombal, Rodeo del Medio, Rodeo de la Cruz, Corralitos, Kilómetro 8, Colonia Segovia, La Primavera, Bermejo, Lagunita y el Sauce constituía una enorme ciénaga de la cual sobresalían partes altas no cenagosas. Esta ciénaga estaba alimentada principalmente por las aguas del Río Mendoza, que ingresaban a ella por dos vías, una directa del desborde del río en Fray Luis Beltrán y otra a través del Zanjón Guaymallén, que volcaba en el Frías, el que a su vez desembocaba un poco más allá de Villa Nueva. En 1749 el Zanjón dejó de aportar sus aguas a la ciénaga, ya que formó un nuevo cauce hacia el norte a partir de la unión con el Frías, provocado por un aluvión. Ayudó también a que llegara menos agua a la zona, el mayor uso que de ella se hacía en los cultivos que se implantaban con creciente ritmo. Comenzó entonces una labor intensa de los pobladores de la zona para secar dicha ciénaga. Esta labor duró todo el siglo 19 y un cuarto del 20. Construyeron desagües, sangrías, defensas y transformaron esa zona en un área de suelos orgánicos que constituyen una intrazonalidad para Cuyo y que son muy cotizados por su cercanía a la ciudad de Mendoza y sus buenas características para cultivos hortícolas.

Otro ejemplo de la influencia del hombre a través del drenaje sobre las características del suelo es el ocurrido en la mayor parte de la zona cultivada de General Alvear. Estudios realizados, previos a la colonización, demostraron la necesidad de la ejecución de colectores de drenaje y drenes parcelarios. Con la realización por parte de la empresa colonizadora de los colectores, la zona empezó a ser saneada y cultivada. Es decir, el hombre rompió el equilibrio existente y transformó esas tierras en aptas para el cultivo. Con el correr de los años, los drenes fueron abandonados, no se realizó la limpieza periódica que se necesitaba y el suelo tendió a volver a su equilibrio natural: freática alta y salinidad. Así en 1953 -1954 comenzaron a observarse en los viñedos procesos de desecamientos causados por intoxicaciones con cloruros absorbidos desde la freática.

Es conveniente tener en cuenta que las sales aportadas por el agua incrementan la salinidad de la primera capa acuífera y, cuando los caños de perforación pierden su hermeticidad por fisuras debidas a causas varias, o cuando no es perfecto el sellado entre el caño y el suelo, podría salinizarse el acuífero en explotación. Este origen antropomórfico de la salinidad de un suelo, es evitable a través de controles periódicos y las acciones pertinentes.
Más notas de esta sección
Copyright 2010 Los Andes | Todos los derechos reservados