A clases con la notebook en la mochila

En un colegio privado de Guaymallén, desde hace un mes, los chicos desde quinto grado van a clase con computadoras portátiles y navegan en Internet. Los docentes enseñan con pizarras digitales. Una experiencia que hace punta en el país y que también será incorporada en una escuela pública de Godoy Cruz.

Edición Impresa: domingo, 27 de abril de 2008
A clases con la notebook en la mochila

Con un forro antigolpes, las Classmate PC tienen el tamaño de un cuaderno.

Por Leo Oliva Foto: Marcos García

La modesta fachada de esta ex fábrica convertida a las apuradas en escuela no da señales de lo que vive en su interior. Y el visitante desprevenido tampoco puede advertirlo con una fugaz mirada a sus aulas, de paredes algo descascaradas y pupitres desgastados con el uso. Y ese patio con más tierra que cemento, en el que el sol pega fuerte en un día de calor. Sí, parece que estamos en una escuela más de Mendoza y del sistema educativo público.

Pero si volvemos un poco atrás, a la entrada, algún indicio había de las sorpresas que nos esperaban: el nombre del colegio, Tomás Alva Edison... ¡Ahh!, el que inventó la bombita de luz, un innovador. Entonces de eso se trata.

La impronta del inquieto inventor estadounidense del siglo XIX parece haber impregnado a esta escuela de Guaymallén, la primera de Mendoza y del país que ya trabaja sus clases con una computadora portátil por alumno.

Sí, un tesoro tecnológico habita su interior, y este cronista lo percibe ya apenas ingresado a la oficina de su directora y fundadora, Graciela Bertancoud: tres notebooks apiladas y otra en funcionamiento ocupan el escritorio; una Tablet PC se deja ver por ahí. Y mientras Graciela, la protagonista de esta historia, empieza su relato, un alumno de unos 11 años abre la puerta e interrumpe: “Seño, no encuentro la tarea de Ciencias Naturales que hicimos ayer, yo la guardé, pero no está”, dice alarmado. “Tenés que guardarla en Mis documentos, no en Documentos Compartidos de la Red. Pedile a tu profe que te la pase en un pen drive”.

La escena no es de un film futurista ni de ciencia ficción, ocurre hoy y ahora en nuestra provincia.

El futuro llegó (hace rato)

Graciela dice que siempre se apasionó por la tecnología y que ya en el ‘90 tenía una computadora. Aunque su vocación es la docencia, se decidió a combinarla con esa pasión por la técnica, y así nació su proyecto de aula digital en esta escuela fundada por ella, privada y sin ningún tipo de subsidio estatal.
 
“La cuota no es muy alta, 165 pesos promedio, y además tenemos un perfil social, porque en cada curso hay niños especiales”, indica esta emprendedora ya reconocida en el país y el continente: el Ministerio de Educación y la empresa Intel le dieron en 2005 el premio a la Calidad Educativa y un año después fue distinguida por Microsoft por ser la primera institución de América Latina en incorporar las TICs (tecnologías de la información y la comunicación) a la educación diaria, gracias a las Tablet PC (antecedentes de las notebooks) y las pizarras interactivas que implementó ese año.

Estos logros no la “aburguesaron” y siguió innovando: desde hace un mes, sus alumnos de quinto grado en adelante asisten a clase con computadoras portátiles, costeadas por ellos mismos (o mejor dicho, por sus padres, tíos, amigos, etc.) y que hoy cargan en pasillos, aulas y recreos como si fuera una carpeta, con una naturalidad que asombra al más tecnoadicto.

El chiche que más sorprende es la “Classmate”, una mini laptop fabricada por Intel desde el año pasado en Estados Unidos. Un modelo similar a esta computadora es el que integra el proyecto de las laptop de 100 dólares que el gobierno argentino todavía amaga con poner en práctica en las escuelas argentinas.

En total, hay 70 Classmate en las aulas de la Edison, y otras 80 notebooks para los alumnos de séptimo en adelante. A ellas hay que sumarle las pizarras digitales en las que los docentes dan clase ayudados por una PC y, frutilla de la torta, una flamante aula de capacitación con diez compus nuevísimas donadas por Intel y Microsoft.

“Los padres de estos chicos vienen de un sistema de exclusión de la tecnología, han sido discriminados por la técnica y piensan que tienen que darle a sus hijos las herramientas que ellos no tuvieron”, dice Graciela para explicar cómo convencieron a los padres de que tenían que juntar 500 dólares para comprar cada computadora.

“Yo creo en un proyecto educativo diferente”, insiste la rectora, que también tuvo que lidiar con la resistencia de los docentes a la tecnología. Por eso ideó la sala de capacitación en la que los profesores se juntan los sábados para aprender más herramientas informáticas para sus clases.

“Yo no tenía computadora ni tenía nociones de esto. Vengo de escuelas urbano-marginales y cuando empecé acá tenía un miedo terrible. Pero me compré una computadora, y con la ayuda de Graciela, de los otros docentes y hasta de los chicos aprendí. Ahora estoy fascinada”, cuenta Alejandra, maestra de 6º y 7º, mientras navega por Google buscando material para su clase de Geografía. “Cuando les di latitud y longitud, encontramos en Internet un mapa que utilizan los geógrafos y no me hizo falta machacar más con el tema, en una clase aprendieron todo”, recuerda “la seño”.

“La computadora nos permite incorporar materiales como imágenes, mapas, videos a la clase. Y los chicos se interesan más, están tranquilos y encima manejan Internet mejor que nosotros”, cuenta Andrea, profe de Historia.

Pero mejor ver para creer. Entramos al quinto grado, donde unos 20 niños con sus classmates llenan de lucecitas el aula, coronada por la pantalla interactiva que maneja la maestra a través de un lápiz óptico que reemplaza la tiza. “La didáctica con tecnologías cambia”, recuerda Graciela. ¡Y cómo! A indicación de la maestra, los chicos abren su computadora, la encienden y se conectan (en toda la escuela hay Internet wi fi o inalámbrica), y, por supuesto, luego de un mes ya todos manejan esta herramienta como de toda la vida.
 
En la pizarra se puede ver una ventana que muestra pantallitas con el nombre de cada alumno conectado (“¡Falta el Ulises y la Olivia!”, alertan algunos a los rezagados) y, haciendo clic la maestra en cada pantallita, todos pueden ver lo que está haciendo cada uno.

Además, el software permite que entre el docente y los alumnos chateen evitando preguntas a los gritos y compartiendo inquietudes entre todos, ya que el sistema es público y lo leen en todas las pantallas.

Escuela en red

La tecnología asusta, sobre todo porque invita a su abuso. Por eso no todas las clases en la escuela Edison se toman en computadora. “Le quita movilidad a los alumnos -explica Graciela-. Internet es más para investigar, producir conocimientos, apuntamos a que desarrollen habilidades cognitivas varias, porque no es tan importante retener como agrupar, ordenar, investigar”. Por eso, la carpeta y la cartuchera acompañan a la classmate en la mochila de los chicos.

Pero hay otro obstáculo a subsanar. Toda la escuela es un gran cyber, por lo que los chicos pueden navegar a todo momento y no siempre con fines educativos. “Juegan como en cualquier escuela en el recreo -se sincera Graciela-. Les gusta mucho el Counter (un juego de PC muy popular y violento), pero por eso estamos organizando para después de las vacaciones de invierno un torneo de juegos en red”, que será del FIFA, de fútbol, para incentivar el deporte y no la violencia.

“Yo creo en la educación por consensos. Por eso les enseño que tienen que usar la herramienta en beneficio propio. Internet es una realidad, pero no podemos dejarla en manos de los cybers, sino de la escuela”, agrega la rectora, quien lamenta que sí deban caer en algunas prohibiciones: Messenger y You Tube, sobre todo.

“Mis amigos piensan que jugamos todo el día”, dice Pablo, un alumno de octavo que muestra en su notebook un aviso de perfumes en 3D que preparó para su clase de Publicidad. “Podemos hacer la tarea en el momento, antes teníamos que ir a la casa, buscar información y traerla al otro día”, agrega su compañera Evelyn, que aclara que cuando complementan su trabajo con bibliografía en papel tienen doble nota, para alentar la diversidad y no caer en la “dictadura” de Internet.

“Yo evalúo permanentemente esta experiencia, porque sé que podemos equivocarnos en algunas cosas. Lo positivo es que la asistencia a clases es mejor y hasta los docentes vienen antes para preparar las clases o mandar mails”, confiesa Graciela, que ya apunta a su próxima meta: un acuerdo con la Fundación de Bill Gates (dueño de Microsoft) que le garantice el acceso a financiamiento para nueva tecnología.
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