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Mike Amigorena: Un maipucino en la cima del show

El artista explica su versatilidad a la hora de elegir personajes, y analiza su futuro debut protagónico en la TV. De la desilusión tras filmar con Coppola a la satisfacción con Ambulancia, la banda de rock que lidera. Su alocada vida, su agitado pasado.

Mike Amigorena: Un maipucino en la cima del show
(Foto:Alberto Raggio)

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domingo, 20 de julio de 2008

Jueves por la tarde. Mike Amigorena camina por una calle cercana a Parque Centenario, en Capital Federal. Su estatura y andar extravagante llaman la atención de alguna mirada femenina, que gira disimulada para seguir su paso.
 
Antes de llegar a la esquina, se detiene en un puesto de diarios. Desde la tapa de una de las revistas aparece Emilia Attías con una frase sexy de turno en el título. “Qué linda mina, viejo. Es hermosa”, comenta casi para adentro. Luego sigue.

Cuando entra al coqueto bar de la avenida Corrientes donde hará las fotos y la entrevista, saluda a los mozos. Pide un café con “apenas un chorrito de leche”, agua mineral, y se va con el fotógrafo a posar cerca de los baños. A los cinco minutos, como si en su cabeza existiera un reloj suizo, regresa a la mesa justo cuando el pedido está servido.

El multifacético actor mendocino de 36 años, de notoria carrera teatral (hizo “El niño argentino” durante más de dos temporadas) y de futuro prometedor en cine y televisión (filmó con Coppola y a partir de septiembre protagonizará la nueva tira de Telefé, “El exitoso señor Pells”), se muestra tranquilo y amable. Quizás hasta tímido. Ni siquiera se enoja por la demora del periodista, excusada por el caótico tránsito porteño.

Su rostro tiene las marcas de una noche larga. Se sincera cuando dice “me acosté como a las cinco de la mañana, no daba más”.

Sin embargo, comenta que lleva una vida tranquila. Se levanta casi siempre cerca del mediodía, almuerza afuera y va al gimnasio. Después, a trabajar. Por la noche, se conecta en Internet y cena en su casa. Mientras comenta su rutina diaria, solicita permiso para apoyar las piernas en la silla de enfrente y se acomoda. Ya está listo para comenzar.

Mis días con Francis Ford

Mike bebe un sorbo de café, y se larga a hablar sobre el ítem que más reluce en su currículum: la finalización de la filmación de Tetro, la película que Francis Ford Coppola hizo en Argentina.

“Lo mejor de trabajar con él fue el encuentro con los actores argentinos. Éramos un elenco del carajo. La convivencia con ellos me hizo aprender mucho”, recuerda con aires de desencanto. Es evidente que le molesta hablar del asunto, pero siente la necesidad de explicar algunos puntos.

-¿Qué sensación te queda de estos cuatro meses?

-Y… - piensa, se toma tiempo para contestar - de desilusión. Terminamos la semana pasada. Lo dije hace unos días, y cada vez lo siento más. Quizás imaginaba otra cosa. Para todos los que estábamos ahí, trabajar con Coppola era algo casi inmejorable. Se dio la oportunidad, y de a poco las expectativas se fueron cayendo a pique. Todo desprolijo, poca atención hacia nosotros, varios conflictos económicos, aunque finalmente pudimos cobrar. Y no soy el único que lo siente, podés consultarlo con cualquiera.

-¿Pero lo tomaste como una experiencia positiva?

-Sí, obvio. Más allá de todos los problemas, fue una buena experiencia. Aunque no voy a guardar un lindo recuerdo. Por ejemplo, vos me convocás y me decís que tenés dos pesos para hacer una película. Yo veo el guión y me gusta. Dejo de lado todo y le doy para adelante, porque además estoy seguro de que me vas a dar hasta lo que llevás puesto. Pero este tipo fue miserable. Por momentos pensaba: “bueno, en Hollywood se deben manejar así'. No nos daban nada de lo prometido y encima nos exigían rodar en condiciones extrañísimas…

-¿Y que pensás de la película? ¿Cómo quedó?

-No sé… suponemos que se estrenará el año que viene. Es un misterio, una película poco común, filmada en blanco y negro, y los flashbacks de los personajes se rodaron en color. O la crítica la destroza, o termina siendo una obra maestra, o tal vez la consideran como algo de culto. No sé que saldrá de todo ese disparate.

A medida que se va desarrollando la charla, Mike entra en confianza. Sus gestos y movimientos con las manos se hacen más elocuentes.
 
No duda cuando dice que aún no alcanzó su techo, aunque éste parezca su mejor momento.

Que su primer protagónico en televisión es un peldaño más. Y que ahora se le termina la calma, porque las grabaciones de la tira comienzan en pocos días y duran más de diez horas diarias. “Adiós a la tranquilidad. Se me viene el cachengue”, bromea.

Pasado pesado

Hablando de calma, Mike abandonó la paz mendocina en 1992, cuando con 19 años se instaló en Buenos Aires. “Fue como nacer de nuevo. Prácticamente me tiraron del avión, y caí acá. No entendía nada”, rememora.

En su Maipú natal se había destacado como un inadaptado social. Según comenta, “era un vago, con muchos problemas de conducta, me echaban de todos los colegios. Repetí tres veces cuarto año”.

Hasta llegó a robar estéreos de autos y estatuillas de las iglesias para “llamar la atención, y conseguir unos mangos y después salir de joda”.

En Buenos Aires tuvo casa al principio, después sus padres le mandaban el dinero necesario para cubrir los gastos de la pensión. Luego, a rebuscarla. Trabajó de cadete, de promotor, de repartidor de pizza, posó como modelo.
 
“Llegué al extremo de andar con alguna mina para que me banque algunos meses en su casa o me pague la luz”, confiesa entre risas.

El peor trabajo fue como telemarketer. “Era estresante, te ponían objetivos inalcanzables. Horas hablando por teléfono con desconocidos para venderles cualquier cosa. Y esa angustia de saber que eso que hacés no es lo tuyo… horrible”, dice mientras le pide la cuenta al mozo.
-¿Y vos sabías cuál era tu vocación?

-Si, siempre estuve ligado al teatro, aunque tácitamente. Cuando era chico me disfrazaba, me ponía botas, ropa de mujer, actuaba para mi mismo o para el que tuviera enfrente. Tenía muñecos a los que les ponía voces, jugaba a ser actor. Sabía que iba a terminar haciendo esto, tarde o temprano. Y creo que todos en mi casa y en el barrio también lo sabían.

-¿Te gusta regresar a Maipú?

-Voy seguido, visito a mis viejos y mis hermanas, que viven allá. Siento un orgullo que va más allá de lo artístico, porque demostré que a pesar de que estuve jodido, salí adelante.
 
Allá siempre fui el ‘rarito’ no es una revancha, porque tampoco me interesaba lo que pensaban los demás. Pero de chico soñaba con que triunfaba como actor y que volvía para compartirlo con los míos. Los que realmente me conocen saben cuánto luché.

Presente auspicioso

Amigorena mira su reloj y avisa que en poco tiempo se tiene que ir al set de filmación de Telefé a “probarse unas barbas” para el personaje de la nueva comedia.
 
Su papel es el de un actor fracasado que es contratado para vivir la vida del conductor de televisión más famoso del país.

“Me entusiasmó el guión, y es un espaldarazo que sea la misma productora de ‘Lalola’. No es una presión para mí, sino un lindo desafío que haya ganado tantos premios”, explica.

-Te diste varios gustos a nivel profesional. ¿Qué es lo que esperás de ahora en más?

-La verdad, yo ya estoy hecho. Eso es una tranquilidad económica por un lado, y una obsesión por otro, porque en mi mente juego a imaginar qué será lo que se viene. Siempre surge algo nuevo, y lo voy a analizar a medida de que aparezcan las opciones. Ya veremos. A veces pienso en retirarme a los 50, y comprarme una casa grande en Maipú, vivir del campo... amo la actuación, pero no quiero trabajar toda la vida.

Se levanta de la mesa, y la entrevista cambia de lugar: ahora Mike está caminando rumbo a su departamento, ubicado a pocas cuadras del bar.
 
En el trayecto se topa con la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires.“Nunca me gustó estudiar ni leer mucho. De haber estudiado algo, hubiese sido médico forense, porque me fascina la anatomía”, cuenta, mientras alguna mirada femenina se posa sobre él, otra vez.

-¿Sos consciente de que las mujeres te miran bastante?

-Ja, (se ríe fuerte). Ni idea, porque cuando camino siempre voy pensando en lo que tengo que hacer al llegar. Tampoco busco nada, terminé hace unas semanas con una relación muy larga. Fue un vínculo hermoso y va a ser difícil de olvidar.

Antes de cruzar la calle hacia la puerta, se despide e invita a ver a su banda Ambulancia, donde él y sus amigos (todos actores) despuntan el vicio como rockstars. “Te espero mañana a la noche y la seguimos”, tienta al periodista. Un bonus track imposible de rechazar.

Música para observar

Viernes a la medianoche. En el escenario de Velma Café, un teatro-restaurante de Palermo, suenan los primeros acordes de “Trigal”, un añejo éxito de Sandro. El último en aparecer, en medio del humo y las luces, es Mike Amigorena, vestido de mujer.

El contraste personal es sorprendente: en el bar era simplemente Mike; ahora es un Ziggy Stardust argento, tan creíble y torpe a la vez que hasta el propio David Bowie felicitaría.

El show dura algo más de una hora y media. Ambulancia se encarga de transformar hasta los impredecibles hits de bandas tan disímiles como Queen, The Police, Los Auténticos Decadentes y hasta el grupo tropical Los Palmeras.
 
Mike canta -como los dioses; luego confesaría que estudió canto durante tres años- y el resto de los integrantes (Muriel Santa Ana, Mariano Torre, Víctor Malagrino, Luciano Bonanno y Julián Vilar) cambian permanentemente sus posiciones en los instrumentos. El que estaba en la batería pasa al bajo; el de la guitarra al teclado y así sucesivamente.

Mientras la banda suena, cada uno actúa a ser músico, y juegan en situaciones que rozan lo absurdo. Las risas no tardan en llegar y Mike es la estrella de la noche, un frontman todoterreno, que se adapta fácilmente a cualquier estilo musical y remata cada tema contando chistes o anécdotas. El resto del grupo acompaña y deslumbra. El resultado final es una ovación de pie.

“Ambulancia nació del ocio. Estábamos todos sin laburo, y nos juntábamos a tocar la guitarra bajando partituras de Internet. Los temas nunca nos salieron igual que los originales porque no somos músicos. Le agregábamos voces, otros sonidos e instrumentos. Fueron dos años de ensayos. Es el sueño cumplido de seis actores de convertirse en estrellas de rock. Se convirtió en algo superpoderoso, muy seductor para nosotros”, explica después del espectáculo.

-No das con el perfil de actor convencional…

-¡Nooo! Todo lo raro, todo lo provocador me encanta. Lo clásico no me interesa. Me agrada transgredir, que la gente se ría cuando me ve, pero a la vez tener la posibilidad de hacer un papel serio. No quiero encasillarme, ni que la gente lo haga. Soy actor, y como tal hago de todo, sin problemas. De todos modos tengo en claro las reglas del juego: esto funcionará mientras corte boletos. Espero nunca deje de suceder.

Amigorena se despide nuevamente, y esta vez no hay más invitaciones. Pero antes de internarse en el camarín junto a sus compañeros, deja una frase que pinta su carrera de cuerpo entero: “Ambulancia es un compendio de mi vida”.
 
El ejemplo es inmejorable. No hay nada más cercano a este mendocino que el reflejo de su propia banda, imprevisible por donde se la mire. Mike es así. Hoy desea provocar, y así lo plasmará en una tira de TV, en una película, en las tablas o en un escenario. Mañana, quién sabe. Matías Varela - Especial para Estilo
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