El Colegio Nacional prepara el centenario de su edificio

La construcción del inmueble comenzó en 1906 y fue inaugurado en diciembre de 1910. Pero hoy requiere de una importante inversión para recuperarlo. Allí siempre funcionó el histórico “Agustín Alvarez”, al que ahora asisten tres mil alumnos y depende de la Provincia.

Edición Impresa: domingo, 30 de agosto de 2009
El Colegio Nacional prepara el centenario de su edificio

Arreglos. En 1996 se renovaron los pisos de los patios y galerías, pintaron paredes y colocaron estufas. Fotos: Walter Moreno

Por Miguel Títiro

El valor arquitectónico e histórico del edificio donde funciona el Colegio Nacional Agustín Álvarez tiene una importancia trascendente para la ciudad y su devenir.

Ese inmueble, que se enlaza con el teatro Independencia, la plaza del mismo nombre y el hotel que antes se llamó Plaza, cumplirá el año próximo un siglo de servicio y por eso la comunidad educativa está preparando una importante celebración.

María Cristina Bartolozzi es la presidenta del Proyecto Centenario, junto con el actual director, Lorenzo Villar; el vice, Aldo Culasso y la profesora Ana Espresatti, entre otros. Han tendido líneas para que la centuria del tradicional solar se celebre "como Dios manda", no sólo por la fecha en sí, sino también como adhesión al bicentenario de la Revolución de Mayo.

Este conjunto de educadores elevó un informe a la Comisión de Educación, Ciencia y Técnica de la Legislatura provincial, solicitando el apoyo económico que permita concretar la puesta en valor del trajinado inmueble educativo, que incluya la biblioteca, el salón de actos, el anfiteatro y la casa del rector, que sería convertida en espacio de arte.

Se necesitan aproximadamente $ 3.500.000 para conseguir un mejor estado de las instalaciones, donde diariamente trajinan casi 3.000 estudiantes. Sólo la renovación de la instalación eléctrica demandará $ 1.197.000.

Invertir partidas de dinero para arreglar el viejo inmueble es plenamente justificable por el bienestar de alumnos y educadores. Pero, por añadidura, el complejo es Monumento Histórico Nacional desde 1987 y demanda un cuidado extra. Fue el primer edificio educacional en haber recibido esa distinción. También integra el Patrimonio Cultural de la ciudad.

Todas estas instancias nos hablan de un inmueble de gran valor, estructuralmente sólido, pero con múltiples falencias por el largo uso.

El arquitecto Mariano Arenas, de Infraestructura Escolar del Gobierno provincial, ha elaborado un proyecto de restauración del edificio, que comprende desde la atención de las puertas hasta cómo se lo debe pintar. Pero hasta ahora esta propuesta, como otras, no tiene una contrapartida en recursos económicos.

La construcción que hoy apreciamos fue proyectada por la Dirección de Arquitectura de la Nación, según los planos del ingeniero Juan Molina Civit, promotor de la edificación contra temblores, como apunta la arquitecta Silvia Cirvini. La obra empezó a levantarse en 1906 y quedó concluida en diciembre de 1910, siento rector el doctor Ventura Gallegos, pero se inauguró con alumnos en marzo de 1911.

Antes de su destino educativo, en la propiedad hubo un vivero. Mucho antes, el predio había sido parte de la hacienda de San Nicolás, perteneciente a la orden religiosa de los Agustinos, cuyos bienes habían sido expropiados a fines del siglo XIX.

Además de la imprescindible reparación que necesitan las aulas, patios, galerías, techos, sanitarios y otras partes componentes de la sede de calle Chile, hay una próxima intervención sobre las obras de arte que posee el Nacional, tarea que encarará el artista plástico Enrique Testaseca y la restauradora Estela Garma.

Tal vez haya algún egresado aún mayor, pero Pedro Mauri (86) es uno de los más antiguos. Está fresco en su memoria el recuerdo de la vida estudiantil (1937-'41).

"¡Era un espectáculo cómo cuidábamos las instalaciones!", refiere. Un mensaje claro y sencillo para las actuales generaciones y sus dificultades con una decidida protección de la infraestructura donde se educan. Pero, si el promedio general de educandos va por el lado de Álvaro López (17), de tercer año, el futuro es promisorio.
 
"No elegí este colegio, pero me encariñé con él, me enseñaron a quererlo, es una convicción", dijo el chico que el día de la entrevista olvidó ponerse su uniforme.

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