Mocoroa Boxing Club: escuela de vida y cuna de campeones

Carlos Bermejillo e Ismael Omar Dabín evocan con nostalgia el viejo sueño del profesor Francisco Bermúdez, de tener su gimnasio para enseñar el boxeo.

José Félix Suárez / Especial para Más Deportes
martes, 27 de abril de 2010
Carlos Bermejillo -sobrino de don Paco, su persona de confianza durante años en la dirección y administración de la tradicional Casa Bermúdez de venta de artículos deportivos que ubicaba en la calle San Luis en el centro de la ciudad, porque a mediados de la década del 90 cerró sus puertas -e Ismael Omar Dabín- el último presidente del Mocoroa, entrañable amigo personal del recordado maestro en aquel grupo que además integraban los periodistas Ernesto Cherquis Bialo -también conocido como Robinson- comentarista de Radio Rivadavia y redactor de la revista El Gráfico, Jorge Mortola, del diario Crónica.
 
Obviamente Juan Carlos Tito Lectoure -promotor del Luna Park-Beto Massara y Cacho Monet- evocan con infinita nostalgia aquel viejo sueño de mediados de los años 40 del profesor Francisco Bermúdez, de tener su gimnasio propio para transmitir todo lo mucho y bueno que había aprendido del viril deporte de los puños.

Ahora que peinan canas y que la memoria del inolvidable don Paco les trae cientos de recuerdos de aquellos tiempos en que el boxeo se hacía cada vez más popular en la provincia, don Carlos y don Omar evocan con infinita nostalgia cómo nació, por increíble coincidencia el mismo día del grave terremoto de San Juan -el 15 de enero de 1944- en la esquina de Estrada y 9 de Julio de ciudad el Mocoroa Boxing Club, así llamado en homenaje a Julio Mocoroa, un liviano platense por quién don Paco había sentido una profunda admiración.

Carlitos Bermejillo cuenta que la pelea inaugural del Mocoroa,  ese sábado 15 de enero del 44, fue entre el mendocino Mario Díaz y el cubano Buides Mora. También nombra a los primeros presidentes de la institución: Eleodoro Astudillo y Edesio Barraquero.

Boxeo y Fútbol

Su sobrino y su amigo cuentan que en su juventud Bermúdez había empezado a practicar boxeo a partir de los 10 años en el Club Luis Ángel Firpo, al que concurría acompañado por su hermano Manuel, 8 años mayor, y que en la categoría medio mediano completaría luego más de 50 peleas, la mayoría como aficionado, ante otros jóvenes destacados de la época como López, Rossi, Reales, Yaya, Ana y José García, que fue el que le quitó el invicto en un combate muy parejo.

Carlitos Bermejillo evoca esos comienzos: “Los chicos del barrio lo cargaban porque el tío no quería pelear: ‘este no boxea porque es un mantequita’, ‘con esa carita de nene debe ser muy blandito”. Un día su hermano Manuel se enojó y le exigió: “Si no te ponés los guantes y les das su merecido a los que te molestan no me acompañás nunca más al gimnasio”.

Don Paco le hizo caso y primero sentó en la lona a Curto, con una izquierda muy potente, y después lo volteó a Sabatino, quién lo había amenazado: “Pero miren el mocoso este, déjenmelo a mí”. En 1932, a los 18 años fue campeón mendocino amateur de la categoría medio mediano.

Ismael Omar Dabín se acuerda que en 1933 Bermúdez fue seleccionado junto a otros tres púgiles locales -Enrique López, Pedro Dellaroles y Ginés Jorquera- para hacer guantes en su visita a Mendoza, con Justo Suárez, el famoso “Torito de Mataderos”, que era el ídolo del momento, en el Club de Gimnasia y Esgrima (de la calle Gutiérrez, de ciudad) donde por ese entonces se reunía la alta sociedad mendocina porque el boxeo era un deporte cada vez más selectivo.

"Por esa época también jugaba al fútbol como centrodelantero en el Club Jorge Newbery, donde se destacaba por su buen físico y su remate de media distancia. Sin embargo en 1934 y aunque fue operado por un cirujano que era una eminencia -el dr. Padín- una seria lesión en los meniscos lo dejó definitivamente afuera del boxeo y del fútbol por lo que sólo pudo dedicarse a la enseñanza, que era su otra pasión".

"Completó el tercer año mercantil, se recibió de tenedor de libros, consiguió un empleo en una tienda muy conocida de la época -La Ciudad de Cádiz, en la Av. San Martín y San  Luis- más tarde en una agencia de lotería en la Av. Las Heras, donde funcionaban dos sillones de peluquero y por último logró la representación de una firma de artículos  deportivos. Hasta que pudo trabajar como profesor de boxeo en un gimnasio del departamento de San Martín,  donde en los famosos bailes que se hacían en la Casa España conoció a su futura esposa, la señora Vicenta Denita, con la que se casó en 1935 y con la que tuvo una hija: María del Carmen.

Luego llegarían tres hermosas nietas, a las que no conoció: María Victoria, María Belén y María Francisca.

Durante casi 10 años fue instructor de boxeo en el Luis Ángel Firpo y en 1950 fue el preparador físico de la Selección Mendocina de fútbol que logró el título de Campeón Argentino de la tradicional Copa “Adrián Beccar Varela”, por otra parte el único en el historial local.

En esa época durante tres temporadas entrenó al primer equipo de fútbol del Club Andes Talleres y también enseñó boxeo en el gimnasio del Justo Suárez, convocado por los hermanos Segura, donde Felipe Segura formó boxísticamente a Pascualito Pérez, al que luego llevó a Buenos Aires.

Sin olvidar que en la esquina de Paraguay y Chacabuco participó en la formación del gimnasio Luis Rayo, en homenaje a un boxeador español de los tiempos de Justo Suárez, mientras crecía el sueño del gimnasio propio.

Maestros europeos

En el libro “Crónicas de Guantes”, publicado en octubre de 2008 -un completo y muy valioso trabajo de investigación sobre la historia del boxeo en la provincia- el periodista deportivo Roberto Suárez Díaz se ocupa de la gran influencia que dejaron los primeros maestros que llegaron a la provincia, la mayoría europeos, contratados especialmente o que se radicaron por un tiempo o definitivamente cuando se encontraban en viaje a Chile, para brindar clases sobre la técnica del boxeo y de defensa personal, donde privilegiaban la guardia de brazos semi extendidos, el cuerpo erecto, la posición de piernas muy abiertas, con movimientos más bien lentos y de larga distancia, en el que sólo prevalecían dos golpes: directos y swing.

La nómina incluye -desde 1910 en adelante- a los franceses Charles Perrín, profesor de grandes aparatos y gimnasia sueca y Luciano Chavrín, ambos egresados de la Escuela de Cultura Física de la localidad de Normandía; hacia 1916 el inglés Jack Murray, en 1919 el francés Abel Bersac, ex militar en su país; y en las décadas del 30 y del 40 el uruguayo Ramón Souto, el italiano Augusto Viotti, el francés George Mayer, el belga Armando Shaker y el cubano Cirilín Olano.
 
Quienes dieron sus primeros pasos como instructores en distintos locales que abrieron especialmente, además de clases particulares, enseñanzas que más tarde continuaron en la Sala de Armas del Club de Gimnasia y Esgrima (social, de la calle Gutiérrez) y el Jockey Club. Con posterioridad funcionaron el gimnasio de Andrés Rodríguez y Ricardo Villaluso, donde también se realizaron los primeros combates entre púgiles mendocinos, los que luego se extendieron al Babilonia y al estadio Pascual Pérez.

La academia de Ismael Moreno y el Luis Ángel Firpo, donde justamente se relacionó don Paco Bermúdez al comienzo de su carrera como boxeador y luego como entrenador, fueron otros de los lugares donde concurrían los jóvenes para aprender a boxear.

Primeros Nombres

Por el Mocoroa mendocino, al cabo de cinco décadas, pasaron parte de los pugilistas más importantes de toda la historia del boxeo local.

Los nombres de Alfredo Lagay -su primer pupilo en condición de profesional- su propio hermano Manuel Bermúdez, Florencio Sainz, Jorge Duarte, Roberto “Corchito” Domínguez- que llegó a combatir con José María Gatica en los 40 , lo que motivó esta humorada del polémico “Mono”, en uno de sus habituales desplantes, cuando Bermúdez aún era un desconocido en el Luna Park: “Aire, mendocino, aire…que al ‘Corchito’ ese te lo destapo yo” (ganó Gatica por abandono porque don Paco tiró la toalla sobre el final cuando se venía el KO)
 
Raúl “Pavito” Vargas -el ídolo de San Martín en los ‘50 -Francisco Gelabert- debió abandonar muy joven, en el mejor momento de su carrera, porque un problema hepático (tenía el hígado demasiado grande) le impedía respirar con normalidad después del cuarto round -y Luis Cirilo Gil- su primera gran obra maestra, la que le permitió abrir las puertas del entonces fascinante escenario de Corrientes y Bouchard.

Ismael Omar Dabín compartía entonces con su gran amigo muchos de los viajes a Buenos Aires y con una sonrisa trae el recuerdo del sugestivo apodo que los diarios más importantes de la época -década del 50- entre otros Crónica y Crítica, le habían puesto a don Paco Bermúdez, al que llamaban “el tirador de toallas”, por la costumbre que tenía de arrojar la toalla desde el rincón cada vez que alguno de sus dirigidos corría el riesgo de ser puesto KO.

También Carlos Bermejillo acerca otra anécdota, en la que cuenta como llegó Cirilo Gil al Mocoroa: “Lo trajo la madre cuando tenía 10 años y le dijo al tío: ‘se lo traigo porque es usted, señor Bermúdez. Mi hijo quiere boxear y antes que se agarre a las piñas en la calle es mejor que aprenda en serio”. Cirilo fue después uno de los boxeadores más serios y responsables que dirigió.  Se radicó en Salta donde trabajó como técnico durante años".

Época de Oro

En una segunda etapa, mucho más rica y brillante que la anterior, en las décadas del 60 y del 70, ahora con una indiscutida proyección a nivel olímpico y mundial, verdadera época de oro para el pugilismo mendocino, surgirían del Mocoroa referentes de la calidad técnica, personalidad y trayectoria de Carlos Alberto Aro -durante años la mejor izquierda del país.

Miguelito García, Juan “Mendoza” Aguilar, Jorge “Aconcagua” Ahumada, Nicolino Locche, Juan Domingo Corradi, Manuel “Cholo” González, Roberto “Manopla” Sosa y el cordobés de Villa María -Gustavo Ballas- que se formó con don Paco y que también se consagró como campeón mundial.

El brillo se extendió a los ‘80 con otras figuras relevantes como Ramón Balbino Soria, Rufino Narváez y Pablo “Manzanita” Estrella, entre los más destacados, hasta la fulgurante aparición de Julio Pablo Chacón, que debutó como amateur de la mano del profesor Bermúdez en 1992 en Coquimbito, Maipú, frente a Oscar Pedrero.

Don Carlos comenta que “Pablito llegó en carretela al Mocoroa, allá por abril de 1989, cuando tenía sólo 13 años y comenzó a trabajar con el tío y con uno de sus colaboradores, Ricardo Bracamonte, quién luego asumió la responsabilidad de dirigirlo en la etapa de su consagración como campeón mundial”.

“El Maestro Cerró la Escuela” fue el título del artículo de la revista El Gráfico cuando en enero de 1993, 49 años después de su fundación, el Mocoroa Boxing Club pasó a ser un hermoso recuerdo, quizás el más bello de la historia del boxeo mendocino.

El párrafo final es para aquellos humildes y generosos colaboradores que lo acompañaron en distintas etapas: José Freites, José Bracamonte, Marcelo Tejero, Carlos Biondini y Arcadio Alonso.
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