Una dinastía de plomeros fabrican calefones solares

Heberto (67), Ernesto (43) y Carlitos (19) Albornoz ya venden sus productos en Mendoza y prometen llevarlos "a toda América".

Edición Impresa: domingo, 27 de junio de 2010
Una dinastía de plomeros fabrican calefones solares

Familia Albornoz. Carlitos heredó de su padre Ernesto el oficio de albañilería, quien a su vez lo aprendió de Heberto. (Walter Moreno)

Paola Bruno - pbruno@losandes.com.ar

Cuando Heberto Nilo Albornoz (67) comenzó a hablar de la importancia de cuidar el medio ambiente, nadie lo escuchaba. Hace 45 años, él ya era plomero y decía que no había que contaminar el aire y se debía trabajar con materiales reciclados.

Continuó ejerciendo su oficio bajo ese pensamiento, el mismo que le transfirió a su hijo Ernesto (43) y a su nieto Carlitos (19). Hoy los tres se encargan de fabricar calefones y hornos solares en el barrio San Martín, de Capital.

Esta dinastía de plomeros tiene una idea muy clara: los calefones y hornos solares son lindos, bonitos y baratos.

"Y más en esta época en que la gente no puede conseguir garrafas, estos artefactos serían una solución económica. Nosotros ya comenzamos a venderlos", contó el mayor de la familia y mentor de esta propuesta. El taller de Heberto funciona en la populosa barriada del San Martín hace más de 20 años y, según cuenta, promete seguir por otras dos décadas.

En la manzana 20 casa 8 de este barrio, la familia Albornoz tiene en funcionamiento calefón y horno solares y ya están produciendo para vender.

"Mi padre se ha encargado, a través de su experiencia, de perfeccionar el sistema de funcionamiento. Hacemos todo en el taller, es más, reciclamos materiales para que al interesado en comprar le cueste menos. Por ejemplo, un calefón con un tanque de 150 litros tiene un valor de 5 mil pesos; mientras que un horno, de gran calidad, 1.500 pesos", detalló Ernesto, que trabaja con su padre en plomería desde los 6 años.

El buen trabajo de los Albornoz tiene una clave: los productos se venden por los comentarios que circulan de "boca en boca". Los clientes están empezando a llegar porque un tercero los recomendó. Carlitos, el más chico de esta dinastía, ya instaló un calefón solar en El Challao y piensa continuar con el oficio que le transmitieron su padre y su abuelo.

"En esa zona de Las Heras no hay gas natural, por lo que era fundamental el calefón solar. Es más, con esa familia hicimos trueque, nosotros instalamos el producto terminado a cambio de una computadora", relató Carlitos, que aseguró querer avanzar con esta empresa familiar.

En total, han vendido cuatro calefones y tres hornos en los departamentos Guaymallén, Godoy Cruz y Las Heras. "Aquí en el taller siempre está todo desordenado, pero es porque estamos tratando de mejorar día a día para que los calefones y hornos tengan un mejor diseño", dijo Carlitos al ver que las maderas y las chapas dificultaban el paso.

Cuestión de ahorro

En un horno solar, el agua para el mate cocido necesita entre veinte minutos y media hora más para hervir que si se estuviera usando gas natural o envasado. Se pueden cocinar casi todos los alimentos, a excepción de papas fritas y empanadas, "básicamente porque no toman color", apuntaron rápidamente los plomeros.

En la casa de Heberto hace dos años que está en funcionamiento la misma garrafa de diez kilos, ya que la usa únicamente para hacer un yerbeado por las mañanas. "Aquí cocinamos y calentamos el hogar con la luz del sol. En esta parte del barrio no hay gas natural", resaltó.

En el hogar de este plomero hace 20 años que está instalado el mismo calefón solar y no se le ha roto ningún vidrio. El mantenimiento que tienen estos artefactos solares es mínimo y no demanda dinero. "Uno se acuerda de limpiarlo cuando corre viento porque no necesita de nada más", recalcó.

En funcionamiento

El tanque del calefón solar tiene que estar instalado debajo del tanque de agua de la casa y se conecta con éste para ponerse en funcionamiento. Además son clave las placas receptoras, que capturan los rayos infrarrojos. "Trabajamos con caños galvanizados, chapas de aluminio, lana de vidrio, vidrios y pintura negro mate", enumeró Ernesto.

El sistema funciona por desniveles y se puede trabajar con tanques de agua que tengan una capacidad que vaya desde los 105 hasta 500 litros. "Estos tanques tienen una aislación diez veces superior al que tiene un calefón a gas", enfatizó.

Mientras que los hornos solares tienen una fabricación más simple. "Se trata de una caja que atrapa el calor y no lo deja salir", definió Carlitos. Para hacerlos se necesitan: madera, aluminio, lana de vidrio, aceite de lino, vidrio, pintura y papel de aluminio. "Llegan a una temperatura que supera los 170 grados", recordó el joven plomero.

Heberto asegura que los hornos solares representan una buena propuesta para los naturistas.

"Todos los días cocino mis verduras con el sol. Ahora sí, cuando hay más de tres días nublados me quedo sin comida", cuenta entre risas el hombre que promete llevar sus artefactos "naturales" a toda América Latina.

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