Los hombres son más infieles a los 50

En el marco de la conocida como “crisis de la mediana edad”, los varones quieren demostrarse que “todavía pueden”. Así, algunos cambian su color de cabello o renuevan su vestuario, otros se compran una cupé o una moto.

Edición Impresa: domingo, 27 de junio de 2010

Textos: Verónica De Vita - Especial para Los Andes - Ilustración: Fernando Rosas

Un proyecto de vida incumplido o haber logrado todo lo que se propuso; una relación de pareja desgastada o los años que se le vinieron encima, estos factores convergen en los hombres alrededor de los 50 años y la posibilidad de una relación extramatrimonial comienza a parecerles tentadora. La famosa "canita al aire" les guiña el ojo y los más osados se dejan envolver por su embrujo, buscando que ésta les resuelva problemas mucho más de fondo.

Los especialistas en temas de pareja coinciden en afirmar que entre los 45 y los 55 años hay consultas recurrentes por situaciones de infidelidad masculina, etapa en la que se produce la "crisis de la edad media".

Éste es un período que trae aires revisionistas, se vuelve sobre los proyectos de la juventud que muchos hombres no han logrado concretar, lo cual les genera frustración. Para quienes tuvieron la capacidad de lograr lo que se propusieron las cosas no son muy diferentes ya que la pregunta que les surge al promediar sus vidas es ?¿y ahora qué?'. Es común que la respuesta silenciosa sea una sensación de decadencia.

Los años que pasaron se llevaron consigo el cuerpo idealizado de la juventud y la vida sexual intensa, que no tiene que ver con una disminución de la libido. Sin embargo, ellos viven esta etapa como el duelo de su virilidad.

¿Quién puede aceptar inmutable tal cúmulo de situaciones críticas? Jóvenes aún, dan un manotazo a la lozanía que sienten que se escapa.

El sexólogo José Luis Rodríguez explicó que el machismo les exige probarse a sí mismos que "todavía pueden" y aparecen entonces ciertos cambios conductuales.

Algunos comienzan a hacer deportes, generalmente competitivos y con hombres más jóvenes; cambian su aspecto, renuevan el vestuario y los que se animan modifican el color de su cabello. Se producen cambios en los símbolos de poder, compran una moto o una cupé (es un auto sin espacio y muy bajo que complica los movimientos si ya tienen algún "achaque").

Los más atrevidos buscan mujeres más jóvenes por un "efecto vampírico", tratando de, algo así, como "robarles" la juventud y así sentirse ellos con algunos años menos y demostrar que todavía pueden lograr una relación de este tipo.

Ésta es una etapa que se conoce como andropausia, para los psicólogos con parte de raíz biológica caracterizada por cambios hormonales con impacto en la vida sexual. Sin embargo, para Rodríguez es un título que le resulta incorrecto ya que etimológicamente sería "la pausa del hombre".

Desde su punto de vista, no se producen biológicamente grandes cambios como sí ocurre en la mujer, en los hombres las alteraciones hormonales se producen después de los 75 años, ellos siguen produciendo espermatozoides y pueden seguir siendo padres.
 
Resulta entonces que se trataría más de una cuestión socio-cultural con planteos existenciales. Se trata además de un fenómeno urbano, ya que en zonas rurales es poco común que se observen casos de este tipo, allí las etapas de la vida se aceptan sin mayores problemas.

La sociedad condiciona el rol de género, el hombre tiene el mandato de disfrutar de su sexualidad, de desplegarla en todo su potencial y en cualquier ámbito, la mujer está más subsumida al rol materno. La sociedad no sólo tolera esto, sino que hay quienes lo validan. El entorno masculino del hombre infiel lo felicita, lo envidia, es visto como algo "canchero", con el beneplácito de la sociedad patriarcal. No es así para quienes tienen otros valores.

El matrimonio

A esa edad, los hijos ya han crecido y comienzan a emigrar del hogar, la atención se vuelve entonces sobre la pareja y se produce lo que se conoce como el síndrome del nido vacío. Muchos se encuentran entonces con un matrimonio desgastado por la rutina, los años, la desatención y los conflictos propios de la convivencia. Algunos buscan una solución compensatoria fuera de su relación formal.

Si bien el hombre es reacio a acudir a la consulta con un especialista, la experiencia indica que cuando lo hacen por un caso de infidelidad acuden en pareja.

El licenciado en psicología Walter Motilla destacó que ante estas situaciones el cónyuge resulta herido profundamente ya que se ha destruido la confianza básica en esa relación, se han violado las condiciones del contrato vincular. Es como un cristal que se rompe, recomponerlo es muy difícil e implica mucha generosidad de la otra parte.

Según este profesional mendocino, presidente de la Sociedad Argentina de Psicoterapia Integrativa, "la primera pareja tiene una carga de mucha idealización, es generalmente bien concebida y representa un ideal para la persona, cuando se rompe lleva consigo un replanteo, se cae un proyecto y con éste de todo lo que hemos dejado en él... Se produce un replanteo de la individualidad, la que se dejó de lado cuando se conformó la pareja, ya que el matrimonio es la cristalización de un proyecto compartido con una meta a largo plazo que implica la trascendencia del yo al nosotros".

El nosotros y el yo

La infidelidad es una de las formas que tiene la persona de manifestar los problemas que se dan en el nosotros y en el yo, los problemas de la individualidad y de la pareja a veces se gatillan mutuamente. "Algo hay en la relación de pareja para que la relación extra matrimonial prospere", advierte Motilla.

Rodríguez, por su parte, aclara que es un mito muy común buscar parte de la culpa en la pareja cuando en realidad lo que hay que preguntarse a veces es cómo es que se está con esa persona.

El sexólogo habitualmente pregunta a sus pacientes: si existiera una pastilla que al tomarla automáticamente se resolvieran los problemas sexuales como la falta de deseo ¿ustedes estarían bien?. ?Y no', contestan; eso pone de manifiesto que no todo pasa por ese ámbito. En muchos casos la falta de deseo sexual por la pareja es la manifestación de una situación de estrés y algunos hombres también presentan depresión.

Asimismo se dan relaciones malignas que son las que a través de la infidelidad buscan hacerle daño al otro, ponen de manifiesto algo de perversidad cuando son conscientes. En estas condiciones es indispensable que el otro se entere de la relación extramatrimonial porque el impacto es lo que lo destroza, es así que aparecen descuidos absurdos que desnudarán la situación.

Pueden darse tres casos: se busca una persona exactamente igual, pero con muchos años menos; se busca una persona totalmente diferente que es una forma de cuestionamiento a la pareja o se busca una relación homosexual.

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