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A 95 años de un cruce de los Andes “imposible”

Atravesaron la cordillera en globo y fueron considerados héroes nacionales. La sorprendente travesía de Zuloaga y Bradley.

A 95 años de un cruce de los Andes “imposible”
Ángel María Zuloaga y Eduardo Bradley listos para cruzar los Andes en globo, en 1916.

domingo, 26 de junio de 2011

El 24 de junio se cumplieron 95 años del primer cruce de los Andes en globo, que tuvo a toda la sociedad mendocina cargada de una gran expectativa, en 1916. Esta gran hazaña fue realizada por el mendocino Ángel María Zuloaga y el platense Eduardo Bradley quienes, luego de tener varias dificultades, pudieron vencer a la cordillera y llegar sanos y salvos a Uspallata, lugar en donde aterrizaron.

Fueron recibidos con todos los honores, tanto en Mendoza como en Buenos Aires, y se los consideró como héroes nacionales.

Dos tipos audaces

En aquel tiempo, los vuelos eran verdaderos desafíos que quedaban en manos de unos pocos.
En 1916 se realizó, en Santiago de Chile, un Congreso panamericano de aeronáutica del que participó una delegación argentina, en la que se encontraban los pilotos Bradley y Zuloaga.

Entusiasmado, el primero de ellos recordó que tres años antes tuvo una conversación con Jorge Newbery manifestándole que pensaba hacer la travesía en globo antes que en avión. Fue en esa reunión que ambos pergeñaron ese proyecto, ante la presencia de los participantes de este encuentro. La idea fue tomada entonces como totalmente descabellada.

Aventureros con experiencia

Para Eduardo Bradley la idea de cruzar los Andes en globo no era imposible, ya que había adquirido gran experiencia en viajar en esa clase de vuelos junto a Newbery. Este empresario y piloto  batió varios récords.

Su compañero y amigo Ángel María Zuloaga, tampoco se quedaba atrás en este tema. Al egresar del Colegio Militar se interesó por el vuelo en aeroplano y en globo.

Finalizada la conferencia en Chile, los dos hombres se dirigieron en el tren trasandino hacia Buenos Aires.

Ya en la Capital Federal, ambos ajustaron distintos aspectos del viaje. Estudiaron y consultaron a varios científicos, entre ellos al pionero de la aviación mundial, el brasileño Santos Dumont, quien les manifestó que cruzar la cordillera en globo era imposible y que morirían en el intento. A pesar de estas negativas apreciaciones, no se desalentaron para seguir con el proyecto.

En su hipótesis llegaron a una conclusión: que a una altura de 8.000 metros la corriente de vientos que parte de Chile los llevaría rumbo a nuestro país. El plan fue trasladarse con el equipo hacia Santiago de Chile, elevarse lo máximo que el globo resistiera y descender en el valle de Uspallata.

A principios de junio de 1916 partieron desde Buenos Aires en el tren internacional hacia Chile.
Después de un cansador viaje, los intrépidos pilotos argentinos llegaron a Santiago de Chile y fueron recibidos cálidamente por el público chileno un día antes del supuesto viaje que sería el día 20  pero, por problemas técnicos, debieron posponerlo para el 24 de junio.

En la madrugada de aquel día, los dos aventureros estaban al pie de su globo denominado “Newbery” -en honor al desaparecido aeronauta-.

Luego de realizar las inspecciones previas de seguridad, a las 8.30 despegaron rodeados de una gran cantidad de curiosos que se agolparon en un descampado en la periferia de la ciudad de Santiago.

El globo se elevó rápidamente y cuando el altímetro marcó los 4.000 metros comenzaron a tirar bolsas de arena que usaban como lastre, para que siguiera subiendo. La temperatura comenzó a descender a unos 10º bajo cero; ambos aeronautas, a pesar de estar muy bien abrigados, corrieron real peligro. Lucían petrificados.

A unos 6.500 metros de altura, los tripulantes experimentaron la falta de aire, por lo que tuvieron que utilizar mascarillas de oxígeno. Ya llevaban unas horas de viaje cuando el “Newbery” entró en  una corriente huracanada que los condujo hacia el Este, rumbo a nuestro país.

Como habían proyectado los pilotos, el globo debía llegar a los 8.000 metros, pero ya no les quedaban bolsas de lastre.

En ese momento comenzaron a desprenderse de todo lo que tenían para alivianar la nave. Zuloaga lanzó, desde la cesta, los víveres, armas e instrumentos meteorológicos.
 
Lentamente se elevaron hasta llegar a los 8.000 metros. Bradley en un momento pensó en arrojar la barquilla y sentarse en el aro del globo pero, para su suerte, no fue necesario.

Vientos de gloria

La peligrosa situación había pasado y los dos, con mayor calma, pudieron contemplar un paisaje espectacular: el cielo totalmente azul constrastado por el manto blanco que  cubría toda la cordillera. Minutos después divisaron el cerro Tupungato. Iniciaron el descenso.

A los 4.000 metros fueron sorprendidos por un fuerte viento, que puso nervioso a Bradley. La tranquilidad volvió a la barquilla al divisar Zuloaga el río Mendoza; era señal de que estaban en buen camino.

Ambos experimentaron una sensación de alegría, estaban a punto de culminar la travesía más importante que hasta ese momento se había realizado en esta parte del mundo.

El altímetro marcó los 2.000 metros de altura y se aproximaron a la localidad de Uspallata. Unos minutos después el “Newbery” aterrizó en un cerro. Eran las doce del mediodía.

Se abrazaron. Lloraron. Rieron. Habían cumplido su sueño de ser los primeros argentinos que vencieron los Andes. ¡Y cómo! Carlos Campana - las2campanas@yahoo.com.ar
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